Luis García Guerrero
1921 – 1996
García Guerrero pasó cuarenta años pintando casi los mismos objetos, tunas, naranjas, mameyes, insectos, piedras del Bajío, y en esa repetición terca construyó una de las obras más singulares de la pintura mexicana del siglo veinte. Empezó como autodidacta y más tarde se formó en La Esmeralda y en la Academia de San Carlos, donde aprendió grabado con Carlos Alvarado Lang.
José Chávez Morado lo situó en la tradición de Hermenegildo Bustos y los retablos populares guanajuatenses, aunque su técnica, un pincel finísimo trabajado casi por puntillismo, llevaba lo cotidiano a un registro cercano a lo metafísico sin abandonar nunca el realismo. Sergio Pitol y Carlos Monsiváis escribieron sobre su obra. Expuso en la Galería de Arte Mexicano desde 1955, y el Museo de Arte Moderno le dedicó una retrospectiva en 1972 y una segunda, con 75 piezas seleccionadas de más de 200 obras en manos de coleccionistas privados, en 2006.