La Montaña Mágica

Luis López Loza

La Montaña Mágica, Luis López Loza

Esta obra de Luis López Loza cuenta una historia a través de la técnica. A primera vista la obra de frente parece una composición de formas abstractas apiladas. Vista con luz lateral, los relieves se hacen visibles. Las formas se levantan del papel, el fondo tiene grano, los grises se ven aterciopelados y los colores ocupan zonas limpias con bordes marcados. Cada una de esas cualidades viene de una decisión del artista.

Un poco sobre Luis López Loza

Luis López Loza nació en la Ciudad de México en 1939 y trabajó la pintura, la escultura y el grabado a lo largo de más de seis décadas. Estudió en La Esmeralda con el maestro Santos Balmori, en el Centro Superior de Artes Aplicadas y en el Pratt Graphic Art Center de Nueva York. Presentó su primera exposición en 1959, a los veinte años.

López Loza empezó a exponer en un momento de cambio. Durante décadas la Escuela Mexicana de Pintura había dominado el arte del país con murales de contenido nacionalista y social. A finales de los años cincuenta varios artistas jóvenes empezaron a cuestionar ese dominio y a mirar hacia la abstracción y las vanguardias internacionales. La crítica los agrupó después bajo el nombre de Ruptura.

Cada artista de esa generación siguió su propio camino. José Luis Cuevas defendió el dibujo y llenó sus hojas de personajes deformes y marginales. Manuel Felguérez pasó de una abstracción orgánica y lírica a la geometría. En 1975 desarrolló en Harvard La máquina estética. Era un programa de computadora que generaba composiciones a partir de su propio repertorio de formas. Vicente Rojo construyó series enteras sobre variaciones de figuras geométricas y Lilia Carrillo trabajó una abstracción lírica de manchas y texturas.

López Loza tomó un camino distinto. Sus formas son orgánicas y cerradas, con contornos blandos que vienen del estudio del cuerpo y de la observación. Ocupan un lugar intermedio entre la figura y la geometría. Él mismo define su estilo como simbólico, entre lo geométrico y lo abstracto. Cada forma tiene estructura y al mismo tiempo guarda un misterio.

En busca del estilo

Luis López Loza viajó a Nueva York para estudiar las obras de Arshile Gorky. Se quedó quince años. Gorky pintaba formas orgánicas, blandas e irregulares. Esa misma familia de formas aparece en La montaña mágica.

En Nueva York diseñó aparadores en la Quinta Avenida y con ese trabajo pagó sus estudios en el Pratt Graphic Art Center. La ciudad era entonces el centro del arte moderno. El expresionismo abstracto, el pop y el arte conceptual permitían experimentar sin los símbolos patrios ni los compromisos ideológicos de la Escuela Mexicana. Ahí expuso con las galerías de Martha Jackson y Betty Parsons.

Entre los artistas que inspiraron su estilo también está Wassily Kandinsky. De él le interesaba la dimensión espiritual de su pintura y el oficio con que manejaba el color. Paul Klee fue otra referencia constante. En el Pratt Graphic Art Center coincidió con Michael Ponce de León, un grabador que creció en la Ciudad de México y enseñó ahí entre 1957 y 1971. Ponce de León trabajaba relieves con gofrado desde 1960 y llevó el grabado hacia lo escultórico. Ese ambiente es el mismo del que surge el relieve de La montaña mágica.

El misterio como narrativa

Para López Loza lo más importante en una obra es ver más allá de lo evidente. Lo que pinta es el misterio, la fantasía y la imaginación. Busca el misterio en las cosas porque cree que es la base del arte. Lo resume con una idea de Federico García Lorca, “Si no tiene duende, no vale la pena.”

Al mismo tiempo rechaza que la abstracción sea arbitraria. Sostiene que un cuadro muy abstracto también tiene estructura y que detrás del arte abstracto siempre hay una disciplina. En su obra el misterio y el rigor trabajan juntos. La montaña mágica es un buen ejemplo.

Lo que nos emociona de esta obra

Escogimos La montaña mágica porque reúne en una sola estampa la maestría de López Loza en la obra gráfica. La pieza combina gofrado, aguatinta, mezzotinta y relieve hueco. Cada técnica exige un control distinto de la placa, la tinta y la presión del tórculo. Juntas muestran a un artista que domina el oficio del grabado y lo pone al servicio del misterio que busca en su obra. A continuación recorremos cada una.

El relieve

Las formas de la estampa están a distintas alturas. Sus bordes se hunden y se levantan como si el papel hubiera sido moldeado. Esto se llama gofrado. Ocurre cuando placas de metal con contornos recortados pasan por el tórculo con mucha presión y el papel húmedo toma su forma.

López Loza trabajó el relieve desde los años sesenta y lo volvió parte central de su obra gráfica. Su método empieza con varias placas de metal recortadas, cada una con el contorno de una forma. Entinta cada placa por separado, las acomoda sobre el tórculo y las imprime juntas. La presión hunde el papel alrededor de cada placa y deja sus bordes marcados. La montaña mágica muestra este método con claridad. Cada forma es una pieza que el artista cortó, entintó y acomodó como en un rompecabezas. Por eso cada color ocupa su propia zona y cada forma tiene su propia altura.

El grano

El fondo y las zonas oscuras tienen un grano irregular de puntos negros y grises. Es la textura característica de la aguatinta. El artista controla la densidad de ese grano para pasar del negro profundo a un gris abierto. En los bordes de varias formas el grano se dispersa y crea degradados suaves.

El terciopelo

Los grises de las formas tienen otra textura. Son tonos parejos y aterciopelados que se oscurecen con suavidad hacia los bordes. Esa calidad corresponde a la mezzotinta. El artista graneó esas zonas con el berceau y luego las bruñó hasta el tono que buscaba. Mezclar técnicas en una misma estampa es una constante en su obra gráfica.

El color

Cada color ocupa su propia zona con bordes limpios. El amarillo, el guinda, el ocre y el terracota no se mezclan entre sí. Eso indica que cada forma recibió su tinta por separado, ya sea en placas distintas o entintando cada pieza a mano antes de imprimir.

Las líneas

Sobre los grises aparecen líneas finas blancas y sobre el terracota hay líneas delgadas de color rojizo. Las blancas parecen surcos que quedaron sin tinta cuando la superficie de la placa se entintó con rodillo. Las rojizas parecen surcos entintados en hueco. Combinar las dos formas de entintar en una misma placa se conoce como relieve hueco.

Más allá de la obra. ¿En que fijarse cuando miras un grabado

Estos son otros detalles dentro de este gráfico que le dan valor

P/I. Está anotado a lápiz en la esquina inferior izquierda. Corresponde a una prueba de impresor. Es una de las copias que se quedan fuera del tiraje numerado y se destinan al taller que imprimió.

Firma. Va a lápiz en la esquina inferior derecha, debajo de la imagen.

Sello seco. En la esquina inferior derecha del papel hay un pequeño sello en relieve. Identifica al taller o al editor de la estampa.

Marca de plancha. Un hundimiento rectangular rodea la imagen. Confirma que la obra se imprimió desde placas de metal en un tórculo.

Papel. Es un papel de algodón con bordes irregulares llamados barbas, propios del papel hecho a mano o en molde.

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